Son las 03:20 de la mañana vengo de estudiar, puesto que estudio y trabajo por las tardes he de estudiar por las noches para poder aprovechar bien el día, esta noche en la sala de estudio todo eran pegas y malestar, muchísimo calor debido a la cantidad de gente que acude y a la pésima ventilación de la sala, la gente que estaba a mi lado en lugar de estudiar no hacía mas que hablar, reír y cuchichear maleducadamente. En fin un despropósito, además de que las matemáticas, la topografía y demás me salen por las orejas ya!!
Harto de estudiar y de aguantar a esa gente descanso mi espalda en el respaldo, miro a mi alrededor y veo en la biblioteca la sección de caza y pesca, me acerco curioso y veo muchos libros de caza, cetrería, pesca submarina, rutas de btt (yo tampoco lo entiendo), y uno que me llama la atención, Cuaderno de Pesca de Ignacio Galaz Ballesteros, lo cojo y lo ojeo por encima y cual es mi sorpresa que la primera referencia es el coto de cardaño (como ya he comentado me encantó), me lo llevo mientras lo hecho un vistazo a la silla en donde estaba asqueado, comienzo a leerlo y tiene un formato parecido a "Mis amigas las Truchas" del gran Delibes el cual es referido en varias ocasiones en el libro, es un libro fácil de leer y muy pero que muy entretenido, en un principio pensaba leer un par de hojas, pero me engancha y no puedo parar de leerlo, se hace referencia a Emilio Serrano y a Fco Javier, grandes pescadores de mosca a quien conozco personalmente, de pronto me encuentro atrapado en las desventuras de este pescador/profesor de Villarcayo que se escapa cuando acaban las clases a pescar pintonas como hacemos Rimoskero y yo.
Cuando me acabo el libro cosa que no pensaba ni remotamente hacer (estaba estudiando) me doy cuenta de que mi cabreo, las pocas ganas de estar allí y la sensación de calor asfixiante habían desaparecido, se habían transformado en una sonrisa en mi cara, ignorancia ante los "maleducados" (estaba en el mundo de la pesca), y en un olvido total del calor puesto que ese libro me había llevado a la rivera de todos los ríos en los que ambos habíamos pescado.